Este artículo es contenido educativo sobre el funcionamiento general de los mercados financieros. No constituye asesoramiento de inversión ni recomienda ninguna acción, sector o valor, y no describe ninguna empresa, operación o hecho de actualidad concreto.

Durante los treinta días siguientes al debut de una empresa en bolsa, el banco que coordinó su colocación puede legalmente vender más acciones de las que la compañía puso a la venta, y después salir a comprarlas de vuelta en el mercado abierto. En cualquier otro momento, esa combinación de ventas al descubierto y recompras dirigidas a sostener un precio encajaría en la definición de manipulación de mercado. En este caso, sin embargo, está expresamente autorizada por la normativa europea. La pieza que hace posible esta excepción se conoce como opción greenshoe, y entender su mecánica explica por qué el precio de una acción recién estrenada suele comportarse de forma distinta a la de cualquier otro valor cotizado durante sus primeras semanas de vida.

Qué es la opción greenshoe

La greenshoe, técnicamente llamada opción de sobreadjudicación (over-allotment option), es una cláusula habitual en los contratos de colocación de una oferta pública de venta o suscripción. Permite al banco coordinador colocar entre inversores hasta un 15% más de acciones de las previstas en la oferta base, tomando prestado ese excedente de los accionistas vendedores o de la propia sociedad. Esa venta adicional deja al colocador en una posición corta: ha entregado a los inversores más títulos de los que tiene garantizados en firme.

Para cerrar esa posición corta, el banco cuenta con dos caminos, y la elección entre uno u otro depende precisamente de cómo evolucione la acción tras el listado. Puede ejercer la opción y recibir esas acciones adicionales de la compañía o de los accionistas vendedores al mismo precio de la oferta, o puede acudir al mercado abierto y comprarlas directamente a otros inversores. Esta segunda vía es la que convierte al banco en agente de estabilización.

Cómo actúa el agente de estabilización en la práctica

Si en los días posteriores al listado el precio cae por debajo del precio de la oferta, el agente de estabilización compra acciones en el mercado abierto para cerrar su posición corta. Esa demanda adicional actúa como un contrapeso a la presión vendedora inicial, típica de las OPV cuando algunos inversores que recibieron adjudicación buscan una salida rápida. Si, por el contrario, la cotización sube, al banco le resulta más barato ejercer la greenshoe y recibir las acciones directamente de la compañía al precio de la oferta, en lugar de comprarlas más caras en el mercado.

Esta doble posibilidad explica por qué la opción rara vez se ejerce de forma completa o nula: en la práctica, el colocador suele combinar ambos mecanismos según el comportamiento del valor sesión a sesión, ejerciendo la parte de la greenshoe que corresponde a las acciones que no logró recomprar y dejando sin ejercer la que sí recompró en el mercado.

El paraguas legal: el safe harbor del Reglamento de Abuso de Mercado

Comprar deliberadamente un valor para frenar su caída sería, fuera de este contexto, un indicio clásico de manipulación de precios bajo el Reglamento de Abuso de Mercado de la Unión Europea (MAR, por sus siglas en inglés). La norma resuelve esta aparente contradicción mediante un “safe harbor” o puerto seguro específico para la estabilización posterior a una colocación, siempre que se cumplan condiciones estrictas.

Entre ellas figura que el periodo de estabilización no puede extenderse más allá de treinta días naturales desde el inicio de la negociación, que el precio de estabilización nunca puede superar el precio fijado en la oferta, que el folleto de la operación debe advertir de antemano que podría producirse esta actividad, y que todas las operaciones de estabilización deben comunicarse a la Comisión Nacional del Mercado de Valores y hacerse públicas en el plazo de una semana tras finalizar el periodo. Estos requisitos de transparencia son los que permiten distinguir, a ojos del supervisor, entre una intervención legítima destinada a ordenar el proceso de formación de precios tras un listado y una maniobra artificial para engañar a otros inversores sobre el verdadero equilibrio entre oferta y demanda del valor.