Este artículo tiene fines educativos sobre el funcionamiento general de los mercados financieros; no constituye asesoramiento de inversión ni describe una operación, empresa o valor concreto y actual.
Cuando un ahorrador particular ordena comprar Letras del Tesoro a través de su cuenta directa en el Banco de España, firma esa orden sin conocer el precio exacto al que se le adjudicará el título. Esa aparente paradoja (comprar algo sin saber cuánto se pagará por ello) no es un fallo del sistema, sino una pieza deliberada del mecanismo con el que España coloca su deuda pública en el mercado primario cada pocas semanas. Entender cómo funciona esa subasta, quién puja en ella y por qué un grupo reducido de bancos se compromete contractualmente a absorber papel que quizá no desee conservar ayuda a explicar por qué el Tesoro Público logra financiarse de manera regular incluso en semanas de mercados más tensos.
Dos formas de pujar: competitiva y no competitiva
El Tesoro Público emite tres grandes familias de instrumentos: Letras del Tesoro, a corto plazo y emitidas al descuento; Bonos del Estado, con vencimientos intermedios; y Obligaciones del Estado, a más largo plazo, ambas con cupón periódico. Todas se colocan mediante subasta, publicada de antemano en un calendario anual que fija fechas y, en general, los rangos de referencia.
En cada subasta conviven dos tipos de peticiones. Las peticiones competitivas, propias de bancos, gestoras, aseguradoras y otros inversores institucionales, especifican tanto el importe nominal como el precio (o el tipo de interés) al que el participante está dispuesto a comprar. Las peticiones no competitivas, habituales entre particulares y pequeños inversores, solo indican el importe que se desea adquirir: el solicitante acepta de antemano el precio que resulte de la parte competitiva de la subasta, sin intentar influir en él. Esta segunda vía existe precisamente para que cualquier ahorrador pueda participar sin necesidad de seguir el mercado de deuda al detalle ni de calcular un tipo de interés preciso.
El día de la subasta: del anuncio al precio de corte
Llegado el día señalado, los participantes autorizados envían sus peticiones a través de la plataforma del Banco de España antes de una hora límite. El Tesoro ordena entonces todas las peticiones competitivas de mayor a menor precio (o de menor a mayor tipo de interés) y va aceptándolas hasta cubrir el volumen que ha decidido emitir. El último precio aceptado, el más bajo de los admitidos, se conoce como precio marginal y determina el llamado tipo marginal de la emisión.
Las peticiones no competitivas no entran en esa ordenación por precio: se satisfacen aparte, dentro de un límite máximo previsto, y se les aplica el precio medio ponderado resultante de las pujas competitivas aceptadas, que normalmente resulta algo más favorable que el precio marginal. De este modo, el pequeño inversor que renuncia a fijar un precio no queda en peor posición que quien sí lo hizo.
Los creadores de mercado: el motor que garantiza la demanda
La estabilidad de este sistema depende en buena medida de los llamados creadores de mercado, un grupo de entidades financieras (principalmente bancos) seleccionadas y supervisadas por el Tesoro Público. Estas entidades asumen la obligación de participar de forma activa en las subastas, presentando pujas por un volumen mínimo de cada emisión, y de mantener después cotizaciones de compra y venta en el mercado secundario, aportando así liquidez a los títulos ya emitidos.
A cambio de esas obligaciones, los creadores de mercado reciben ciertas contrapartidas: acceso a una segunda vuelta posterior a la subasta, en la que pueden adquirir un volumen adicional al precio medio ponderado sin competir de nuevo por precio, así como un papel preferente en operaciones sindicadas y en el diálogo periódico que el Tesoro mantiene con el mercado sobre sus necesidades de financiación. Este esquema explica por qué, incluso cuando la demanda del público en general se muestra más cautelosa, el Tesoro suele encontrar comprador para toda la deuda que necesita colocar: existe un grupo de entidades obligadas, por contrato, a sostener esa demanda.