Este artículo es un contenido educativo sobre el funcionamiento general de los mercados de capitales; no constituye asesoramiento de inversión ni hace referencia a una empresa, evento o valor específico y actual.

Un inversor que opera exclusivamente en pesos, sin cuenta bancaria en el exterior ni acceso formal a moneda extranjera, puede terminar siendo titular, en los hechos, de una porción de una empresa que cotiza en una bolsa de otro continente. En el comprobante de la operación no aparece ninguna transferencia internacional, ni una conversión de moneda explícita en la pantalla del bróker. Sin embargo, detrás de ese papel negociado en pesos en la Bolsa de Comercio de Buenos Aires (BYMA) hay una cadena de custodia que cruza fronteras y, escondido en el precio, un tipo de cambio que nadie fija de manera oficial pero que el mercado calcula igual. Ese instrumento se llama Certificado de Depósito Argentino, o CEDEAR, y entender su mecánica explica por qué su cotización rara vez coincide, a simple vista, con el valor de la acción que dice representar.

Qué representa el certificado y quién custodia el activo subyacente

Un CEDEAR es un certificado emitido localmente que otorga derechos económicos sobre acciones de una empresa extranjera o sobre un fondo cotizado (ETF) que opera en un mercado del exterior, típicamente en Estados Unidos. La lógica es la inversa de la de un ADR (el instrumento que permite a un inversor estadounidense acceder a una empresa no estadounidense): aquí es el mercado argentino el que recibe el certificado y el mercado extranjero el que retiene el activo original. Una entidad depositaria autorizada por la Comisión Nacional de Valores (CNV) no traslada físicamente las acciones a la Argentina; en cambio, se asegura de que esos títulos permanezcan en custodia a través de un custodio internacional en el mercado de origen, dentro de los sistemas de depósito y liquidación de esa plaza. Sobre la base de esa posición custodiada en el exterior, la depositaria emite certificados que luego se negocian en pesos en BYMA.

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Quien compra un CEDEAR no abre una cuenta en el exterior ni convierte pesos a dólares en una casa de cambio: adquiere un instrumento que replica, en términos económicos, la tenencia de la acción subyacente. Los dividendos que eventualmente distribuya la empresa extranjera llegan al tenedor local convertidos a pesos, ya que el flujo original está denominado en la moneda del mercado de origen.

El ratio de conversión: la aritmética que une el papel local con la acción extranjera

Cada CEDEAR se emite con un ratio de conversión fijo, definido al momento de su creación, que establece cuántos certificados equivalen a una acción subyacente (o, según el caso, cuántas acciones subyacentes representa un certificado). Ese ratio puede ser, por ejemplo, de varios CEDEARs por cada acción, precisamente para que el instrumento resulte accesible con montos menores en pesos, sin necesidad de comprar una acción entera al precio pleno en moneda extranjera.

Cuando la empresa subyacente realiza una acción corporativa que altera la cantidad de acciones en circulación, como un desdoblamiento, el ratio se ajusta para preservar la equivalencia económica original. Este mecanismo de ajuste es lo que permite que el certificado siga representando, con el paso del tiempo, la misma proporción de la empresa que representaba al momento de la emisión, más allá de los cambios formales en la estructura accionaria.

El tipo de cambio implícito: por qué el precio en pesos dice más que el precio de la acción

En teoría, el precio en pesos de un CEDEAR debería resultar de dividir el precio en dólares de la acción subyacente por el ratio de conversión y multiplicar ese cociente por un tipo de cambio. El problema es que ese tipo de cambio no está impreso en ningún comprobante: se despeja matemáticamente comparando el precio local del certificado con el precio externo de la acción que representa. A esa cifra se la conoce coloquialmente como tipo de cambio implícito.

Ese valor no lo fija un organismo ni un banco central, sino que emerge de la interacción entre la demanda de pesos por parte de inversores locales y la oferta de certificados, en un proceso de arbitraje sostenido por participantes autorizados que pueden crear nuevos CEDEARs depositando acciones en el exterior, o cancelarlos para retirar el activo subyacente. Ese mecanismo de creación y cancelación es el que mantiene el precio local anclado, dentro de ciertos márgenes, al precio externo. En contextos donde coexisten distintos tipos de cambio de referencia y existen restricciones al acceso a la moneda extranjera, como ha ocurrido en distintos períodos en la Argentina, el tipo de cambio implícito en los CEDEARs suele acercarse a los llamados dólares financieros que surgen de operaciones bursátiles, antes que al tipo de cambio oficial. Es, en definitiva, la forma en que el mercado de capitales traduce a un solo número la brecha entre el valor de un activo en dólares y el valor de los pesos disponibles para comprarlo.