Este artículo es contenido educativo sobre el funcionamiento general de los mercados financieros: no constituye asesoramiento de inversión ni describe un hecho, una empresa o un valor específico y actual.

Una compañía puede cerrar su ejercicio fiscal con una ganancia neta nominal de varios miles de millones de pesos y, al mismo tiempo, haber perdido poder de compra real durante ese mismo período. ¿Cómo conviven ambas realidades en el mismo balance? La respuesta está en un mecanismo contable poco conocido fuera de los círculos técnicos, pero central para entender cualquier estado financiero de una empresa que cotiza en la Bolsa de Comercio de Buenos Aires: el ajuste por inflación.

¿Qué es el ajuste por inflación contable?

En economías con inflación elevada y sostenida, los estados financieros expresados en moneda histórica (es decir, sumando pesos de distintos meses o años sin corrección) dejan de ser comparables entre sí. Un ingreso registrado en enero y un costo registrado en diciembre del mismo año pueden estar denominados, en los papeles, en la misma unidad monetaria, pero representar cantidades de poder adquisitivo muy diferentes. Para resolver este problema, las normas contables profesionales prevén un procedimiento llamado reexpresión en moneda homogénea, o más comúnmente, ajuste por inflación: todas las partidas no monetarias del balance, como bienes de uso, inventarios y patrimonio neto, junto con los resultados del ejercicio, se recalculan a valores de un mismo momento, generalmente el cierre del período que se informa, utilizando un índice de precios de referencia.

Cómo funciona la reexpresión bajo la RT 6

En Argentina, el marco que regula este procedimiento es la Resolución Técnica número 6 de la Federación Argentina de Consejos Profesionales de Ciencias Económicas, que establece cuándo un contexto económico debe considerarse “de inflación” o “de alta inflación” a los efectos de aplicar el ajuste, y cómo debe calcularse. El mecanismo toma como referencia un índice de precios, habitualmente el que difunde el INDEC, y lo utiliza para convertir cada partida a moneda de cierre. Los activos y pasivos monetarios, como el efectivo o las cuentas por cobrar y pagar en pesos, generan por su propia naturaleza una ganancia o una pérdida por exposición a la inflación: mantener pesos en un contexto inflacionario implica perder poder adquisitivo, mientras que estar endeudado en pesos puede generar, en términos reales, un resultado positivo. Este resultado, llamado resultado por exposición a la inflación, se incorpora como una línea específica dentro del estado de resultados, separada de los ingresos y gastos operativos propiamente dichos.

El efecto sobre la comparabilidad de resultados

La consecuencia práctica de este mecanismo es que dos cifras de “ganancia neta” no significan lo mismo si una está expresada en moneda nominal y otra en moneda ajustada por inflación. Comparar el resultado de una empresa argentina con el de una empresa de un país sin inflación relevante, o incluso comparar los resultados trimestrales de la misma empresa entre sí, requiere prestar atención a si las cifras están reexpresadas y con qué índice. Un resultado operativo puede ser sólido en términos de negocio, pero verse reducido, o incluso revertido, una vez que se descuenta el efecto de la exposición monetaria neta, o viceversa. Por este motivo, quienes analizan empresas argentinas suelen revisar no solo la ganancia neta final, sino también la apertura entre resultado operativo, resultado financiero y resultado por exposición a la inflación, para entender qué parte del número proviene de la actividad del negocio y qué parte refleja, simplemente, el efecto de medir en una moneda que pierde valor con el tiempo. Este mismo principio de reexpresión, con variantes locales, se aplica bajo normas contables internacionales en distintas jurisdicciones que atraviesan procesos inflacionarios prolongados, lo que convierte a la contabilidad por inflación en un tema recurrente para quienes siguen mercados emergentes.