Este artículo es contenido educativo sobre el funcionamiento general de los mercados de valores; no constituye asesoría de inversión ni describe una empresa, un valor o un evento actual específico.

Cuando un inversionista en México envía una orden de compra sobre una acción que cotiza en la Bolsa Mexicana de Valores, esa orden no necesariamente se ejecuta ahí. Puede terminar operándose en un mercado distinto, con otro nombre, otras reglas de operación y otro sistema tecnológico, sin que el cliente lo note ni tenga que elegirlo. Desde 2018 México tiene dos bolsas de valores autorizadas que listan y operan muchas de las mismas emisoras: la centenaria Bolsa Mexicana de Valores (BMV) y la más joven Bolsa Institucional de Valores (BIVA). Entender cómo conviven ambas, y por qué la ley obliga a los intermediarios a buscar el mejor precio entre las dos, ayuda a explicar cómo se forma realmente el precio de una acción en un mercado con más de un lugar donde comprarla.

Dos bolsas, un mismo emisor

Antes de 2018, la BMV era la única bolsa de valores que operaba en México, de modo que cualquier empresa que quisiera listar sus acciones o instrumentos de deuda tenía un solo mercado disponible. La entrada en operación de BIVA, autorizada por la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV), introdujo una segunda bolsa con licencia para listar y operar los mismos valores. En la práctica, una empresa emisora puede listar sus acciones en una de las dos bolsas, pero eso no impide que esa misma acción se negocie también en la otra: los valores listados en una bolsa pueden operarse en ambas gracias a la interconexión de los sistemas de negociación y a que los intermediarios bursátiles, es decir las casas de bolsa, están conectados simultáneamente a los dos mercados. Esto significa que la BMV y BIVA no funcionan como mercados aislados para cada emisora, sino como dos plataformas paralelas donde puede coexistir la oferta y la demanda del mismo título.

El mecanismo de “mejor ejecución”

La coexistencia de dos bolsas plantea un problema evidente: si el mismo valor se puede comprar o vender en dos lugares distintos, en un momento dado el precio de compra o venta disponible en una bolsa puede ser ligeramente mejor que en la otra. Para evitar que un inversionista reciba, por descuido o por conveniencia del intermediario, un precio peor del que existe en el mercado, la normativa mexicana exige a las casas de bolsa aplicar el principio de mejor ejecución: deben dirigir cada orden, o fragmentarla si hace falta, hacia la bolsa donde en ese instante exista el precio más favorable para el cliente, considerando no solo el precio sino también variables como la cantidad disponible en cada punta y los costos de operar en cada plataforma. Este proceso se apoya en sistemas de enrutamiento automatizado que comparan en tiempo real los libros de órdenes de ambas bolsas antes de decidir dónde colocar la operación, de forma similar a mecanismos de protección de precio que existen en otros mercados bursátiles del mundo con múltiples centros de negociación.

Qué implica la competencia entre bolsas para la liquidez y la transparencia

Que dos bolsas compitan por el mismo flujo de órdenes tiene consecuencias que van más allá de una sola operación individual. En teoría, la competencia entre plataformas puede incentivar mejoras en tarifas, tecnología y horarios de negociación, porque cada bolsa busca atraer tanto a los emisores que deciden dónde listarse como a los intermediarios que deciden hacia dónde enrutar sus órdenes. Al mismo tiempo, dividir la negociación de un mismo valor entre dos sistemas obliga a reforzar la infraestructura de consolidación de información: los precios y volúmenes de ambas bolsas deben poder consultarse de forma integrada para que el mercado en su conjunto siga siendo transparente y no se formen, aunque sea momentáneamente, dos precios de referencia distintos para el mismo título. La obligación de mejor ejecución es, en ese sentido, la pieza regulatoria que conecta ambos mercados: convierte la existencia de dos bolsas en un asunto prácticamente invisible para el inversionista final, cuya orden se procesa buscando siempre la mejor condición disponible en el sistema combinado, independientemente de en cuál de las dos plataformas termine ejecutándose.